Viernes, 23 de septiembre de 2011

Nació y murió en La Paz (1784 – 1857)
Su madre falleció en el parto y quedó huérfana de padre al poco tiempo, por lo que fue criada por su hermano natural don Pedro Eguino, quien la formó en los ideales y sentimientos de libertad.

Heredera de una cuantiosa fortuna, puso esta al servicio de la causa emancipadora: instaló en su propio domicilio una fábrica de armas para que fueran empleadas en la Revolución de La Paz del 16 de julio de 1809; vistió, equipó y gratificó económicamente a los soldados del batallón comandado por su hermano que, como parte integrante del ejército independiente de Castelli, venció en la Batalla de Suipacha. Su casa fue el centro de varias reuniones clandestinas de los patriotas.

Poseía una elocuencia admirable, arengaba a la tropa animándola a luchar y sacrificar la vida por la libertad y la emancipación de América. En una ocasión, cuando los indios de Sapahaqui se dirigían a Caracato a degollar a las familias españolas que se habían refugiado en ese lugar durante el estallido de la revolución paceña, doña Vicenta se dirigió a caballo a dar encuentro a los indios y hablándoles en su idioma los convenció de deponer esa actitud, logrando que volvieran a su Cantón donde les dotó de recursos y víveres.

Esta oportuna intervención, la hizo acreedora de la gratitud de la población española de La Paz, cuyos jefes abogaron por ella en dos ocasiones: una, cuando fue condenada a seis años de presidio después de haber sido sofocada la revolución de La Paz por Goyeneche, logrando que la pena fuera conmutada por el Gobernador Juan Ramírez, previa exigencia de una cuantiosa suma de dinero en efectivo y de vestimenta para el batallón de la reina; y la segunda, cuando en 1816, después de ser denunciada y perseguida por la tropa de Ricafort, fue recluida en un calabozo y posteriormente condenada a muerte. La intervención de varios jefes realistas logró que la pena de muerte fuera conmutada por una elevada sanción pecuniaria y el destierro perpetuo a Cuzco. Sin embargo, cuando se dirigía al destierro, fue logrado el indulto y la restitución de los bienes que le habían embargado.

Durante los años siguientes continuó perseverante en la lucha, oficiaba como intermediaria de las comunicaciones secretas entre los patriotas de Lima y Cuzco con los de Buenos Aires. Cuando en 1823, el entonces Gral. Andrés de Santa Cruz, llegó al Alto Perú, procedente de Lima, doña Vicenta acudió a su encuentro en Laja, acompañada de sus hijos José y Félix y varios de sus colonos para ofrecerlos “para que tomen las armas en defensa de la independencia de América”.

Después de concluida la guerra de la independencia hispanoamericana, el 18 de agosto de 1825, llegó a la ciudad el Libertador Simón Bolívar quien fue apoteósicamente recibido por la población en un acto celebrado en el ingreso de la ciudad donde doña Vicenta Juariste Eguino pronunció un sentido discurso de gratitud al Libertador y le entregó las llaves de la ciudad.

En los años siguientes, esta heroica mujer se retiró a la paz de su hogar hasta el 14 de marzo de 1857, fecha en que falleció, recibiendo solemnes honras fúnebres por el gobierno del General Jorge Córdova y de toda la población civil, militar y eclesiástica.

 

SIMONA JOSEFA MANZANEDA

Nació en Mecapaca – Departamento de La Paz, en 1770. Fue hija natural de María Josefa Manzaneda. Era llamada “la jubonera” porque se dedicaba a la confección de jubones (especie de chalecos con cuello rígido que vestían las cholas de la época).

Participó activamente en la revolución paceña del 16 de julio de 1809. En la etapa preparatoria, penetraba en los cuarteles, ocultando en el ruedo de su pollera, las instrucciones sobre los planes de la Revolución; negociaba armas y municiones, y concienciaba al pueblo sobre los ideales de la libertad.

Durante la Revolución, dirigió a los habitantes del cerro de Santa Bárbara para que apoyaran a los insurgentes, exigiendo Cabildo Abierto. Sofocada la Revolución, el vil Goyeneche ordenó detener a los patriotas que habían dirigido el levantamiento popular. Simona Manzaneda, disfrazada de india, huyó por la noche hacia su chacra de Mecapaca, donde continuó con su industria jubonera.

En septiembre de 1814, Manzaneda arengó y guió al pueblo en apoyo a la campaña hacia La Paz, organizada por la Junta del Cuzco, bajo el mando de Juan Manuel Pinelo, colaborado por el cura Ildefonso de las Muñecas.

A fines de 1816, el Comandante español Mariano Ricaforte, enviado por el nuevo Virrey del Perú Joaquín Pezuela, para escarmentar al pueblo de La Paz por ese levantamiento; capturó a Simona Manzaneda y la sentenció a muerte. “Desnuda, cortado el hermoso cabello, puesta una coraza y a la espalda un cartelón de la sentencia de muerte, montada en un asno, recorrió las calles de la ciudad; flagelándosela con 50 látigos en las cuatro esquinas de la plaza; después de todo lo cual, fue baleada, por la espalda” (URQUIDI, José Macedonio. “Bolivianas Ilustres”. Ediciones Populares. La Paz – Bolivia, 1967).


Publicado por Claudia_Portugal @ 23:24  | Biografias
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